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“Quienes mueven los hilos” [Capítulo 1]

20 febrero 2012 McsC Mis escritos y creaciones

“Dedicado a quienes acompañan mi estadía en la universidad”

Capítulo 1 

“Así son las cosas”

       Se dice que la ambición y crueldad humana no tiene límites, que las mentes brillantes nacen en las situaciones adversas y que el amor es lo más grande de este mundo. Ya sea porque mi nacimiento se produjo bajo la protección del  mero capricho humano, he sido destinada a padecer de los tormentos provocados por la hermandad no consanguínea.
       Una dama debe esperar a que la presenten ó presentarse en caso de que se encuentre sin compañía, y a pesar de que mis escritos carezcan de posibilidad de caer en mano alguna, quién desee conocer el nombre de la dueña de estos escritos, pues ha de saciar su curiosidad luego de leer el nombre de Isabel de los Ángeles Martínez de Robles, quien ha decidido empezar a escribir para desahogar pensamientos y para testimoniar el diario vivir de mis “parientes” en las afueras de mi habitación.
      Como ya he narrado, mi nacimiento no fue un acontecimiento bien recibido. Mi padre, un burgués exitoso, fue asesinado meses antes de que yo diera mi primer aliento. En la desesperación y soledad, viendo como se perdían las pocas ganancias familiares, mi madre  optó por no guardar el luto anual y concertar matrimonio con un viudo amigo de mi padre, quién le prometió cuidarnos luego de mi nacimiento, otorgándonos su apellido y la decencia que ello significaba. Pero la desgracia era algo que acechaba a mi fragmentada familia desde que mis padres contrajeron matrimonio, al ser ellos de religiones distintas, el sagrado compromiso produjo la irrevocable desheredación de mi madre, desprendiéndole de cualquier vínculo con mis abuelos y atribuyéndole disgustos y maldiciones para con sus lazos sanguíneos y por ende para su progenie.
       Los pecados de los padres, serán  pagados por los hijos. Ese fue el argumento de mis abuelos para cuando mi progenitora falleció poco después de darme a luz, dejándome completamente huérfana en manos de un padrastro y una promesa que solo la palabra de un caballero podría cumplir. Lamentablemente, dicho caballero desconocía que su promesa despreocupadamente enamorada involucraría a otras pequeñas mozas que no estaban dispuestas a compartir  padre, techo y riquezas con una perfecta extraña.
      Para cuando ya tenía uso de razón, comprendía el hecho de que vivía en un lugar sombrío y hermoso. La habitación en la que he pasado mi niñez y pubescencia, posee unos hermosos muros color blanco, piso de cerámica de un color similar a la espuma de mar y a la dorada arena, muebles de mármol blanco, tapices pequeños cuyo color cambiaba con la estación, arreglos florales, una vieja armadura de estilo persa y un escudo de armas. A pesar de eso, el silencio de la habitación y la continuidad de este hacia las alcobas vecinas generan la sensación de un infinito vacío. La pequeña existencia de un jardín interior, vaga vez otorga el tenue gorjeo de las aves y los sonidos del jardín que provienen de la calle no penetran los muros del hogar.
    Existe en esta pequeña mansión, sin duda alguna, compañía para romper tan tétrica sensación de vacío, pero es precisamente su presencia la razón del silencio imperante. Raquel del Consuelo y Ana del Padecimiento son dos hermosos nombres que con gusto quisiera decir son fiel reflejo de quienes los poseen. Pero hacer eso, sería un nuevo motivo para aumentar mis años de espera en el purgatorio por mentirosa, recordando claro, que aún me queda pagar por los enormes daños provocados por las acciones de mis difuntos padres.
    Raquel y Ana, sin duda alguna, son dos jóvenes y hermosas damas de sociedad. Ambas señoritas de sociedad, están en busca de un buen marido que les otorguen estabilidad y bonanza eterna. Mi Padrastro, Enrique, niega casar a la fuerza a sus dos hijas pero espera que el matrimonio pronto traiga a su sombría familia felicidad.
    Raquel es mi hermanastra mayor, pronto cumplirá los 19 años y es de urgencia casarle, porque sus caprichos e indefinidos gustos han hecho que rechace más de 30 proposiciones, no sin antes examinar y evaluar finamente a sus pretendientes. Esto último ha hecho que las adolescentes de su generación le otorguen por tercer nombre un sustantivo que bordea los límites de la promiscuidad, siendo esto una pésima insignia nueva a la historia familiar. Pero es tal su gracia y encanto para con el sexo opuesto, que sus pretendientes siguen haciendo fila y no dudan en esperar, como por la ostia, su turno de ser evaluados y en fe de su hombría, la aceptación de ella; hay cada orgulloso y presumido en el día de hoy… Todo el ajetreo y trámite han hecho que Raquel pase poco tiempo en casa y esté constantemente en cafés o casas de conocidos de Enrique.  
   Ana es por otro lado, la belleza que reemplazaría a Medusa si es que esta pudiese reencarnar, incluyendo toda la ira y codicia que esta pudo sentir al tragarse la caja tirada de Pandora si es que eso hubiese ocurrido en su historia.  Alta y muy jovial en sus 17, ella evita perder su tiempo en citas concertadas. Cual águila busca su presa, Ana presenta su pretendiente a su padre, este fija la cita con la otra familia y así ella asiste y evalúa si dicho joven podrá otorgarle la estabilidad que ella desea. Últimamente la búsqueda de su galante esposo ha hecho que su genio varíe de mal en peor. Ahora no contentándose con obligarme a hacer quehaceres domésticos, decide encerrarme cuando invita a sus conocidas a casa y por sobre todo cuando llegan sus finas promesas financieras.
   Antes de que mis hermanastras comenzaran a preocuparse por las cosas propias de la juventud, su diversión consistía principalmente en hacerme la vida imposible. Mientras Raquel cortaba mi cabello constantemente para colocárselo a sus muñecas, Ana me obligaba a arreglar su habitación y ayudar al mayordomo en sus labores. Mientras una me recordaba constantemente que mi subsistencia en su hogar era por mera lástima y que tenía que servirles, la otra se encargaba de recordarme que jamás tendría gota de las riquezas de su casa. Vayan a saber ellas que comprendía perfectamente mi situación y que tenía cero interés en sus riquezas, con unos buenos cálculos lo poco que quedaba de la herencia de mi familia biológica me ayudaría a subsistir hasta los 20 años, edad propicia para desaparecer en caso de seguir cargando con la suerte de mis difuntos padres.
    En los únicos momentos en que mis hermanas me dejaban en paz, era en las horas de comida y en la hora en que la institutriz llegaba a darnos la lección diaria. Esta consistía en castellano, matemáticas, algo de ciencias naturales e historia universal. Las horas de cultura se acababan con el almuerzo, por la tarde se bordaba, se tejía, se leía ó en mi caso, se creaba un mundo nuevo en mi habitación. Por aquellas cosas de la vida, terminaba bordando por tres en el caso de que mis hermanastras y en especial Raquel, encontraran mejor pasatiempo y justificación para salir  de casa y dirigirse a no sé dónde en el pueblo. Ana dejaba bien clara la situación antes de salir:
- Tú bordarás los pañuelos para nuestro padre, ya que nos debes la comida de cada día, así son las cosas. De lo contrario, te puedes ir cuando quieras, le diremos a nuestro padre que desapareciste en arrebatos de ingratitud. – luego de eso, desaparecía de mi vista.
    En mis tardes de encierro en casa, la pasividad simulada del mayordomo en sus quehaceres era cuna de los sonidos que rodeaban mi poco concentrada lectura. El ruido zigzagueante de una tijera podadora, el rascado ruido de una escoba que se mueve, el ensordecedor ruido de muebles y chuchería trasladándose de lugar, el crispado sonido de leña y carbón que se quema al son de un aroma que indicaba la creación de apetitosos platos, etc. En casa solo teníamos un mayordomo quién nos “cuidaba” en ausencia de mi padrastro. Para ser una persona contra dos señoritas muy exigentes y una niña sin aparente opinión, pues cumple bastante bien su diaria labor para evitarse problemas y para poder fugarse de casa los viernes y sábado por la noche.
    Cuando era mi décima primavera, observaba discretamente al mayordomo mientras este cortaba un arbusto del jardín anterior para darle forma, era tal la gracia del sonido de la tijera y la rapidez del corte, que para mí era un completo enigma entender el cómo podía resultar el corte tan perfecto si el mayordomo tenía la vista perdida hacia la calle.  
Mi discreción no pasó desapercibida frente a los ojos de Ana, quién rápidamente exclamó:
- ¡Pues se ve bastante interesante tu lectura!.- Raquel prestó atención a mi libro, rápidamente y  preguntó:
- ¿Qué ha sucedido en el último párrafo de esta página?- lo señaló.
Con la idea de un castigo en mi mente, respondí:
- No he llegado hasta esa parte, lo siento.
- ¿Para qué pides disculpas? No te preocupes, ya no llegarás hasta esa parte del libro, pues ya que te veo tan interesada en el jardín, creo que tendrás una nueva tarea que cumplir desde hoy. – respondió Raquel.
- Claramente – añadió Ana. – Creo que dejarás tu lectura para antes de dormir, los hermanos Green esperarán hasta la noche. Irás a acompañar al jardinero y quiero que a los arbustos  cercanos a la puerta y a la cerca, les des forma de pirámide. Quiero que papá se sorprenda de la belleza de su jardín en cuanto regrese de su viaje de negocios, es una orden.
    Sabiendo que si replicaba nada bueno saldría, acepté mi deber y me dirigí al jardín.
    El mayordomo a quién Ana sin ningún esfuerzo puso al tanto de su decisión, me dijo:
- ¿La señorita desea aprender a cuidar del jardín? Será mejor dejarlo para mañana. Tendremos que conseguir guantes para no dañar sus manos.
A esto respondí:
- No estoy aquí por libre albedrío. No me preocupa trabajar sin guantes, Enrique vuelve mañana por la mañana. Es menester podar estos arbustos hoy.
El mayordomo replicó:
- La señorita puede observar que solo falta darle forma rectangular a uno solo. Puedo terminarlo en dos minutos y usted irá a descansar.
- Me parece perfecta su eficiencia. – respondí – pero la “Del Padecimiento” quiere ver pirámides en su jardín. Para que los vecinos no piensen que un faraón a poseído a mis hermanastras, creo que es bueno solo darle forma piramidal a los arbustos que rodean el camino a la puerta principal. – en seguida tomé la tijera de podar más pequeña y me dispuse a cortar.
El mayordomo al entender la orden y al ver mi disposición precisó:
- Pues ha de ser como la señorita Ana demanda. Es prudente que observe atentamente como yo doy los cortes, así podrá replicarlos en los arbustos siguientes. – comprendiendo la preocupación del mayordomo asentí a su consejo, pero no pude evitar comentar:
- Así será, pero usted jamás mira atentamente lo que corta. Será difícil prestar atención si Bruno no lo hace. – El mayordomo contestó:
- La menor se ha percatado de que la fuerza de la costumbre genera destreza y desdén para con las formas cúbicas. Pero con pirámides difiere el nivel de dedicación.- Sin nada más que comentar, en silencio me dispuse a aprender a podar. Esta labor se repetiría en cada sazón hasta hoy.
    Cerca de la pequeña mansión vive la familia de los Rodrigues de Ulloa. Son la tercera familia más rica de la ciudad. Actualmente la mayor atención se centra en el hijo varón de la familia: Daniel Esteban, quien posee la edad de 20 años y al estar soltero, provoca la esperanza colectiva de muchas señoritas sedientas de buena posición y nombre… creo que con eso, acabo de describir a mi hermanastra menor; Acompaña a la fortuna de Daniel, la presencia de su hermana menor, Catherine Andrea, quién ya esta comprometida con el hijo de la segunda familia más rica, Antonio. Ambos son una pareja adorable, quizá por el hecho de que independiente de que su matrimonio fuese concertado por sus padres, ellos gustaban de la existencia del otro desde que se vieron por primera vez. O por lo menos, eso dice la gente amiga de Bruno.
   Dentro de las pocas personas con las que me relaciono, esta Laurita del Pilar, quién es hija de un amigo de mi padrastro y prima en octavo grado de Catherine, para mí eso ya no es familia, pero para mantener su posición casi perdida ellos lo recuerdan cada vez que se presentan. Laurita tiene la misma edad que yo. Cada viernes por la tarde, ella viene a bordar conmigo y a conversar sobre lo que sucede en su internado. Cuando le acompaña su hermano Francisco Ernesto, mi visita se queda a cenar por la insistencia de Raquel en que Francisco no se vaya, porque para ella aún es muy temprano. Bruno hace el favor de preparar postres de fresa, porque a los hermanos gustan mucho de su sabor.
      Lo que ha desatado el mayor desequilibrio en la tranquilidad de mi desgraciada y pasiva vida, fue la reciente llegada de un nuevo inversionista a la ciudad. Por lo que mi padrastro compartió con Raquel en la cena, su nombre es Jean Pierre y es de procedencia francesa. Le acompaña su hija Lushka; un nombre bastante extraño por cierto. El señor Jean Pierre es viudo al igual que Enrique y como existe un interés en hacer negocios por ambos lados, mi padrastro decidió invitar a la nueva familia a cenar un fin de semana. Sin que ninguna de las hijas e hijastra lo previera, fue esta invitación lo que daría un vuelco a la rutina.

Capítulo 2: “La cena que apresuró la boda” [27 de Marzo]

2 Responses to ““Quienes mueven los hilos” [Capítulo 1]”

  • Chris! dice:

    La presentación de la novela esta buenísima, alomejor falto la descripción de la narradora, pero todo va bien… excelente trabajo Marianita, esperaré ansioso el otro capitulo que es donde se desenrollará la trama o por lo menos, quedará más claro… un abrazo, espero que descanses harto y disfrutes del sur, nos vemos :)

  • JesS dice:

    Así como esperando ansioso un nuevo capítulo de anime o serie de TV cada semana, me tienes esperando la segunda parte :O!

    Buena e interesante, veamos que sigue!


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